Nada es eterno, o casi nada. Y el mundo del diseño desde luego no se libra de esta máxima. No son pocas las empresas (yo diría que no hay ninguna) que en algún momento de su existencia no haya pasado por quirófano para hacer frente al paso del tiempo; un poquito de cirugía plástica que estire de aquí, recauchute por allá y deje al mundo maravillado con su nuevo rostro. Por supuesto me refiero a los cambios de imagen de los logotipos, símbolos y en definitiva marcas de todas esas compañías que luchan por hacerse reconocibles en un mundo lleno de competencia. Y resulta que ahora le llega el turno a una de las mayores multinacionales del planeta: la todopoderosa Walt Disney Pictures.
Resulta que la casa del ratón (tras su matrimonio de conveniencia con Pixar) se prepara para dar a conocer su nuevo aspecto veintiún años después del último. El encargado de este trabajo ha sido un tal Mike Gabriel, viejo conocido de los estudios del tío Walt, que ha desarrollado un logo que dicen es “espectacular”. Yo sin embargo tengo mis reservas. Que a estas alturas pretendan cambiar una de las imágenes más conocidas del planeta me pone los pelos de punta. No discuto que la intro que usen en las películas vaya a ser, como dicen, muy espectacular, pero que a nadie le quepa duda de que Disney se seguirá escribiendo con la tipografía disney. Puede que el castillo sea más rimbombante y que haya más efectos, pero la esencia permanecerá intacta.
La experiencia nos dice que lo que funciona (casi) no se toca, a no ser que sea estrictamente necesario. Telefónica tuvo que reconvertir su logo para hacer desaparecer el acento del mismo y que su entrada en territorio anglosajón no fuera traumática. Kodak, en cambio, lo ha modificado y nadie se ha dado cuenta.
La imagen de una empresa debe ser reconocible y ser capaz de evolucionar con el paso del tiempo sin perder la identidad del principio. Cuando dentro de unos años sean posibles los viajes en el tiempo, nadie tendrá problemas en viajar al pasado y pedir una Coca-Cola, y, según mi opinión, tampoco de reconocer una película de Disney por mucho que se empeñen en vendernos la nueva imagen como revolucionaria. En cualquier caso, para salir de dudas sólo hay que esperar al 7 de Julio.